
el agua, como una coincidencia
y una casualidad juntas, como si
hubieran nacido el mismo día que
se conocieron, como dueños de una
identidad en mitades, ellos iban por
la vida sintiéndose iguales.
"La poesía resiste la mediocridad del medio ambiente, es futuro".
los intereses, los focos de atención, los puntos de referencia. cambia el mar, tal vez cambie el puerto, pero el madero resiste para que nos aferremos. aunque sea demasiado lo que sostienen las ramas de este árbol torcido, ahí está, envuelto en su tormento, no huye, sólo enfrenta. defiende sus raíces. y resiste.
ayer me dormí después de leer “La novia del olvido” -gracias Lucha, y a vos: gracias por las sonrisas- y esta mañana empecé una lista de promesas que nunca se cumplieron. llevo largo rato escribiendo. paré a prepararme unos mates. no descubro todavía si terminará poniendo de manifiesto la incapacidad, la falta de palabra, o mi tremenda ingenuidad.
pesado, húmedo, difícil. mi viejo me dijo "tendrías que haber venido", y él sabía que no podía ir. volví. hice un desastre, creo. alguien vomitó. me fui cuando pude. compré tres helados de palito a las 9 de la noche y parecían las cuatro de la tarde. no soporto el nuevo cambio de horario. alguien se está por separar. alguien no. llevé a camila y a malena a pasear. la más grande me preguntó "¿desde cuándo conocés a mi mamá?". la boca de malena llena de chocolate fue lo más dulce del miércoles. ah, y pocas cosas tan certeras como la intuición de los pequeños. después, lluvia, tormenta y alguien que se toca cada vez que escucha esa palabra. ¿también lo hará cuando la lee?
"qué cosa que de repente se me ha ido el suelo y está el vacío esperándome. nada me puede atajar. nada firme adelante mío. no es que me caiga, se me ha ido el suelo y lo voy a seguir. no te asustes, no, no te asustes si ves que como respaldo lo tengo al viento y no queda nada bajo mis pies. me voy a pique nomás y aunque rompa el aire de un tajo, no es que me caiga, es que voy pa'abajo a tocar el fondo de lo que soy de una buena vez. mo me llores, no, ya he de venir, voy a encontrarme con mi suerte, buscando lejos de todo lugar, hasta lejos de mí".
A pesar de algunas contradicciones navideñas, no puedo ser indiferente al deseo de desear. Ese que parece manifestarse medio bajito en algo así como "ojalá que", y aparece en un brindis, en un beso, aplastado como entre dos panes durante un abrazo. Esta vez lo pedí antes, en otro lado, a uno que tampoco existe. Lo que yo deseo es ......
hacía mucho que no escuchaba la tonada caribeña de Mau. nos reencontramos en la Costanera. yo con las mismas simples cosas que tal vez nunca le conté y ahora sí. él con la profunda herida que una caña de bambú le dejó entre sus costillas, el recuerdo más fresco y húmedo que tiene de su reciente paso por Bariloche. hablamos de la magia de ciertas distancias, de lo bonita y grande que está su niña, Uma. de volcanes y del mar. de lo sucio que está el Riachuelo, del ruido espantoso que hacen los terremotos y de lo ricas que son las pizzas de Los Inmortales. de hongos cubanos. de un amigo que se llevó el mar en Mallorca. y sobre las madres, que nos hacen sentir un poco parecido más allá de las fronteras. me quedo con su frase luminosa, "si quiero transmitir tranquilidad primero necesito sentirla". Y con el deseo de que las cosas buenas pasan. y no por pura suerte.
“¿Por qué te cuento esto?”, me preguntó, y se preguntó, en un momento el tanguero enamorado de la extranjera con pollera azul. Hacía casi una hora que tenía la misma duda, y me la repetía alternando los compases de “Zita”, que sonaba en una milonga húmeda de Flores. “No sé si es nuestro baile lo que me enamora”, dijo al final como sentencia. “El tango también es pasión con dudas: dos que bailan bien no siempre son buena pareja en la pista”, le contesté un poco seca, aunque imaginando su angustia de ojos tristes. Lo que él no podía evitar era mirarla. Me sorprendía ver su pasión y no celarla con los hombres que la sacaban a mostrar sus firuletes de taco aguja. Eso, creo, lo seducía más. La admiraba. La sabía suya en cada abrazo. Un rato antes me había confesado que le costaba separarse de su cuerpo entre pieza y pieza. Verlos juntos, sí, claro, eran como palomas peregrinando bajo el sol. Eran aire de cristal y melancolía. Sus cachetes pegados por el sudor. Paseaban por el salón rodeados por muchos, pero solos, juntos. Con la armonía de los violines –pensé- despertará sin ella, estirándose como un bandoneón. Recordará sus manos entrelazadas. Escupirá su cobardía de guapo con el primer mate de la mañana. Dejará que su tristeza pase al afeitarse, dolorido por un corte intencional en su mejilla. Peinará su pelo sucio con gomina del día anterior. Su camisa olerá a humo, y tristemente la recordará otra vez. Al limpiar sus zapatos sentirá la cera entre sus dedos, y deslizará un pulgar jugueteando un ocho en su cabeza. Improvisará un nuevo corte de bigote que no lo dejará conforme. Va a soñar que su chica se hace playa, canillita, diario. Con anteojos, mirando sus pies en la arena. Su chica de la espera, de la soledad. Su chica de tardes soleadas, de sangre con pasto, de venas con raíces en la tierra húmeda. Su chica de río, de vino, de atino. Soñará que se hace nube antes de la lluvia, la verá explotar en agua. Su chica húmeda. La que no recuerda, la que olvida. Su chica tabaco, arrebato de zapatos. Su chica de lacio rubio, de claro de luna. El no sabía si eso era amor.
los violines le chillan al campo, los ruidos de los ruidos, afuera. siempre pido con la ruta de costado, pasando a toda velocidad, corriendo a todo trapo como mi cabeza. con los atardeceres que se esconden en lugares que nadie conoce, que nunca se alcanzan, justo ahí es cuando miro y desparramo deseos en el verde a la velocidad de un pestaneo. y de otro, y de otro más. me pregunto si será como querer enlazar una nube.
Eran cerca de las cinco. En medio del verde, los vasos, el vino con hielo y el calor, una máquina empezó a escupir burbujas. Chiquitas,de perfecta redondez, multicolores en los bordes de su transparencia, con sabor a detergente. Explotaban cerca de nuestras caras y hacían arder los ojos. La belleza artifical a veces completa la ausencia de lo natural, pensé. Y me saqué fotos infantiles sola. Nos fuimos junto con el atardecer y la amenaza de lluvia. Bajo la glorieta, entre mate y mate, por fin, hablé. "Date vuelta y mirá", me dijo la pamping, con sus rulos más rebeldes que de costumbre, "es un arco iris de verdad".
Un sueño entero, a media tarde, un sueño de abajo hacia arriba. Un sueño despierto. Un sueño con alguna lágrima. Con un grito de desahogo. Un sueño de vagón de tren. Un sueño que construye una esperanza. Que ilumina la ruta con balizas al costado del camino. La síntesis de la victoria será aceptarse como autor del propio destino.
Es sorprendente cómo se disparan fantasías cuando las sirenas suenan como pavas silbantes, mientras las ramas dan latigazos a mi ventana y los guisos de otros cosquillean mi nariz. Hay gente en el b, el c y el d, presentándose con aromas, colores y sabores. No reconozco el timbre. Ni el teléfono. ¿Es acá?, pregunto. Me animo a trepar por el ahora y desde arriba ver que ya es pasado el más inminente tiempo atrás. Como todo lo viejo, que convierte mi ignorancia en sorpresa y novedad. Repito como un mantra: ¿Es acá?

La salida va a venir. Ya no hay más dolor, pero ¿cómo olvidar? ¿Pasaremos hoy? ¿Es nuestra solución? Es mi ilusión. Después, vas a encontrar, persiguiendo vas a encontrar. Cada encuentro, un motivo. Sueño con lo real. Ya ves, podés volar. Qué es esto, qué está pasando aquí. Toda esta gran mentira nos pone al revés. En un mundo que no encaja, en un tiempo que es tan corto. Si tus ojos quieren negro, es todo negro. Aparecí en otro lugar donde no vale pensar. Basta, desenredate. Mejor salirse que terminar. ¡Revolución! Sólo esta idea para calmar mi alma herida.
Algunas nuevas cosas suceden tan cíclicamente que para la memoria se vuelven una vieja rutina de años. Mañana viene el gasista, otra vez. Correrme (yo a lo lejos, sin dar ventaja)."el espesor de la prosa crónica rompe con esta forma supuestamente transparente de la prosa periodística que está organizada para hacerte creer que no hay nadie que mira y cuenta". MARTIN CAPARROS.
"Me gusta pensarme como alguien que le gusta darse baños en piscinas llenas de inteligencia ajena, de cultura ajena, de sabiduría ajena. Cuanto más ajena, mejor". PEPE MUJICA.